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viernes, enero 02, 2015

Queridos Reyes Magos:


Mi papá me compró una cámara fotográfica  esta navidad, lo vi unas pocas horas antes de que mamá y yo viajáramos a casa de mis abuelos. Desearía que mis abuelos vivieran más cerca de la ciudad, así podría verlo en la fiesta de fin de año, por favor, ¿podrían hacer que mi abuelo Paco se ganará la lotería?, entonces estoy segura de que él compraría la mansión que está cerca de mi escuela, le gusta mucho, me lo dice cada vez que va a visitarnos a la ciudad y me recoge después de clases.

Mi papá dijo que nos veremos después del día diez de enero, ustedes ya habrán venido para entonces así que mi plan resultará bien. Solo espero que mamá no decida quedarse más tiempo, temo que sea así porque ha hecho demasiadas maletas, no parece ser una visita como las anteriores.

Amo a mis abuelos pero ya quiero ver a mi papá, sé que le encantarán todas las fotos que tome, se sentirá orgulloso de que solo las primeras siete fotos salieron movidas, él siempre sonríe y me dice que aprendo muy rápido.

Por favor, les pido que hagan que mi mamá olvide la mitad de sus maletas, no son buenos deseos pero lo serán cuando pueda mostrarle las fotos a mi papá.

Mi mamá me llama y aún me falta pedirles el último deseo… es difícil aceptarlo pero sí ustedes no pueden traerme una cámara fotográfica igual a la que mi papá me compró (es color morado y tiene una pequeña etiqueta que dice lux en la parte delantera)  entonces tendré que decirle que esas fotos serán las únicas que voy a tomar porque he roto la cámara.

Mamá no preguntó nada cuando le di el rollo para que revelara las fotos, así que estoy segura de que no sospecha, pero sé que mi papá se entristecerá cuando vea que por un descuido se me caído la cámara y que ya no sirve.

Por favor, por favor queridos Reyes Magos, si no se puede, no importa que mi abuelito no sé saque la lotería, y si mamá tampoco olvida la mitad de sus maletas no será mucho problema para mí, pero por favor, si ustedes me traen una cámara fotográfica igual a la que mi papá me compró, entonces él no se va a poner triste y quizá al ver que ya soy una niña adulta y responsable, él quiera volver a vivir con nosotras. Porque yo quiero verlo todos los días y no solo los fines de semana, como mi mamá me ha dicho que tendrá que ser ahora… solo quiero una cámara para reponer la que rompí y que mi papá se quede en casa.

Gracias queridos Reyes Magos

Marjorie

lunes, mayo 26, 2014

Adictos a la escritura: El gran televisor


Una enorme máquina plateada me saca de las entrañas de mi madre, el frío metal lastima mi desnudo cuerpecito infantil, cuando logro abrir los ojos descubro que he sido depositado en una rueda de la fortuna, a mi par, lloran otros bebés que giran y giran.

Me gusta el ruido y el viento arrugando mi rostro, cada que paso junto al mando mecánico que hay en la base de la rueda  alguien me examina, estira mis pequeños brazos, aprieta mi cabeza, pronuncia algo sobre mí y lo anota en un cuaderno.  Pasan los años con la rueda que gira, las luces se acostumbran a mi faz, a mis ojos de topo que escudriñan el orden intermitente de su naturaleza, y soy feliz, girando noche y día, creciendo bajo las luces, el ruido y el viento.

Algo ha cambiado, al pasar ya no nos miden  ni hacen anotaciones, ahora hacen preguntas, y cuando llega mi turno, debe ser que respondo algo incorrecto porque mientras que a mis compañeros se los llevan para que representen algún puesto específico de nuestra sociedad,  ordenan que a mí me suban de nuevo  y sigo girando y ellos preguntando, y todos aprenden, se van, son útiles, mientras yo me quedo escuchando el ruido bajo el viento y las luces multicolores.

De pronto, la rueda se detiene y soy consciente de que aquel lugar ahora está vacío, hay un hombre en el mando metálico que me ayuda a ponerme de pie, su mirada me dice claramente que soy libre, que me dedique a la sana vagancia porque yo jamás lograré aprender algún oficio como los otros.

A pocos metros, extraño el ruido, el viento y las luces, enfrente hay una caja enorme que tiene un botón de volumen con el más y el menos , me fijo detenidamente en la cartelera y decido que voy al canal número cuarenta y dos.  El silencio del gran televisor hiere mis oídos, adentro hay tanta oscuridad que deseo morir antes que permanecer un segundo más en aquella caja, me dispongo a irme pero a lo lejos aparece una lucecita y… sí, también hay algo de ruido.

Despacio, empujo la puerta herméticamente sellada, entro y me hallo en medio del fuego cruzado, hay un hombre en la esquina que está por dejar este horrible mundo, lo alcanzo e intento retenerlo en el infierno pero al final se va, y  atrás de mí hay un pistolero apuntándome, dejo que me dispare para alcanzar al hombre que acaba de irse.


Tirado ahí, boca arriba, palpo mi pecho en busca del líquido cálido que debería brotar pero no lo encuentro.  Desabrocho mi chaleco antibalas, y aunque entonces el pistolero ya había vuelto para dispararme a la cabeza, yo lo sorprendo con un rifle y un casquillo disparado certeramente a su corazón. Está muerto y  yo  he ganado, pero en ese momento aparecen los créditos porque está por comenzar la telenovela de las cinco.

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¡Gracias por leer! :)

sábado, abril 26, 2014

Adictos a la escritura: Extraños

Antes de salir, echa un último vistazo a la mujer que yace en la camilla, ella es diferente. A Ramón le cuesta mucho subir las escaleras rumbo a la salida de la funeraria, lleva una chaqueta incómoda  que le impide mover los hombros hacia atrás.

Ya arriba de su auto, advierte que ha olvidado su teléfono en el cajoncillo tras el escritorio, saca otra vez su cuerpo de seis décadas al incesante frío de la noche. O es ahora o nunca, ésta es la última vez que estará en tal recinto luctuoso.

Tarda unos minutos en encontrar las llaves para abrir la puerta principal, ha olvidado las gafas en la guantera y  no quiere volver sobre sus pasos, temiendo contraer una pulmonía. Ya dentro de las instalaciones, se dirige en penumbra hasta el cuarto indicado, antes de empujar la puerta la escucha hablar.  Ella es diferente, ella no es una extraña. 

Conoce esa voz desde hace dieciocho años, le pedía que la dejara usar las brochas, siempre quería ayudarlo y  nunca tenía  miedo. A partir de mañana, serán sus hijos los que seguirán el negocio, él para qué querría hacerlo más, se siente cansado y viejo.

Recargado en la pared, con la puerta entreabierta, los mira caminar de un lado a otro del cuarto mientras ella les habla. La parsimonia de los fantasmas deja un lúgubre olor salado en el ambiente, bajo la media luz se dibujan formas amorfas en la pared del fondo, afuera se escuchan los pasos agitados de algún transeúnte y los gemidos de un gato hambriento. El aire huele a muerte.

Los instrumentos están cuidadosamente acomodados en la mesilla, ella toma una pequeña brocha y baja de la camilla para retocar a uno, éste le da las gracias y le desea buena suerte en su entierro. Ramón ahoga un sollozo y da media vuelta, ya no le importa el teléfono, ni la cafetera que se caído y roto, ya la repondrán los nuevos dueños.

Corre hasta el auto y después de azotar la puerta, el silencio rompe el aire luctuoso.  Duele.  Aún puede oler su perfume favorito, inconfundible a pesar del olor de los muertos que inundaba todo, mira de reojo hacia el edificio y le dice adiós con un leve movimiento de cabeza. Ensimismado en sus pensamientos, se aleja por la avenida, es lo más sensato que puede hacer, se dice así mismo como consuelo, después de todo, mañana asistirá al entierro de su hija.


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Hasta aquí tienen a Ramón, pues este mes de abril el ejercicio de Adictos a la escritura era hacer un relato tomando como protagonista a un personaje especial que nos proponían:

-Ramón: un tanatopractor a punto de jubilarse.
-Isabel: una adolescente en su primer día de instituto.
-Gálivich: un troll que vive debajo de un puente.

¡Gracias por leer! :) 









jueves, marzo 27, 2014

Adictos a la escritura: Ojo por corazón


La sangre se escurría por la alcantarilla sin que él pudiera hacer algo, había llegado tarde otra vez, como cada una de las veces anteriores a ésta. El hombre de sombrero pequeño y gabardina larga se apoyó en la pared y sacó un cigarrillo de su abrigo, lo encendió mientras observaba el cuerpo delante de sí. Por el rabillo de sus ojos observó las luces de la patrulla de policía acercarse, ellos también llegaron tarde, a pesar de que el asesino les había dado una pista mucho antes que a él.

Un hombrecillo antipático bajo de la patrulla y se acercó al hombre que ahora fumaba el cigarrillo inclinado sobre el cuerpo, lo examinaba.
—¿Otra vez usted? —le preguntó el hombrecillo cuando estuvo lo suficientemente cerca. El otro hombre ni siquiera lo miró y empezó a alejarse en silencio — No  tan rápido, ésta vez tendrá que acompañarnos a la jefatura.
—Tengo algo más importante que hacer, oficial —Había arrastrado la última palabra con sarna.
—Lo siento, tendrá que venir conmigo.  —Subió resignado a la patrulla, quería terminar con ese inconveniente lo más rápido posible.

En la estación, lo condujeron a la sala de interrogatorios y cuando salió de ahí ya era más de medianoche; en la banqueta, se detuvo y llamó a su esposa, le pidió que pasara por él, y mientras la esperaba encendió otro cigarrillo. Por esa noche ya no podría seguir con la investigación, de nuevo había sido burlado.  Se encontraba maldiciendo cuando llego la camioneta.
— ¿Qué ha pasado esta vez? —Le preguntó su mujer cuando estuvo acomodado en el asiento del copiloto.
—Se ha escapado —murmuró él.
— ¿La policía te considera sospechoso?
—Sí, pero se quedaron muy tranquilos cuando les explique mis razones para estar ahí.
—Creo que se te ha ido de las manos…
— ¡No otra vez! —La interrumpió  — ¡Hoy no quiero discutir!
— ¡No! Es lo que yo te digo a ti Osvaldo, ya no más. ¡Ya no puedes seguir con esto! Deja que la policía haga su trabajo.
— ¡Pero sí no hacen nada! Hace tres meses… hace… tres meses que… ¡No hacen nada!
—Tú tampoco has logrado mucho, tenemos que calmarnos.
—Yo no puedo, ya te lo he dicho, así que no me riñas más.
—Te haces daño.
— ¿Qué puedo hacer? La amaba, y ahora está muerta.
—Yo también la quería, era mi prima.
—No es lo mismo. —Él se esforzaba por mantenerse intacto y serio, pero había terminado por ocultar el rostro entre las manos mientras gruesas lágrimas llovían sobre sus mejillas. Ella miraba fijamente al frente mientras lo escuchaba sollozar quedito.
—No debes seguir haciéndote daño. Ella no lo permitiría.
—También tengo que decirte gracias. —Dijo Osvaldo de pronto, ella se sorprendió pero lo disimuló bien —Gracias por perdonarme.
—Te amo. —Le dijo con convicción, acababa de estacionar la camioneta frente a la casa.
—Gracias —Fue todo lo que él dijo, tenía los ojos rojos. Luego entró a la casa y se dispuso a dormir.

Ella tardó un poco más en meterse a la cama. Antes, se quedó un buen rato frente a la computadora, organizaba los cabos, metía las piezas del rompecabezas justo en el lugar perfecto en que debían estar, le resultaba sencillo, por internet había muchos chicos fanáticos  que no dudaban en participar en rituales satánicos. Ella era una maestra de lo incógnito, y por supuesto que la inútil policía local jamás la atraparía, seguían las pistas falsas que ella misma les enviaba diariamente, las mismas que seguía Osvaldo.

Cuando terminó, subió a la recámara y se acomodó junto a su esposo. Lo odiaba, quería verlo enloquecer, pero a veces también lo quería, en realidad esa era la razón por la que hacía todo. Él se creía que una infidelidad podía ser perdonada, pero no, ella no era una mujer que pudiera calmarse, en eso eran el uno para el otro, no, era una guerra, pensó, una guerra que ella ya tenía ganada. Porque su rival ya estaba muerta, y también cualquier otra chica que pudiera tomar su lugar.

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Este mes, el desafío era escribir un relato que empezara con el primer párrafo escrito por otr@ autor. Así que el primer párrafo de este relato es de mi compañera Debora H. Araya. Debo decir que ha sido un poco difícil porque no sé narrar muy bien el género policíaco, y creo que el párrafo necesitaba, sin duda, algo así, policíaco.



miércoles, febrero 26, 2014

Adictos a la escritura: La primera frase

La primera frase ha sido tomada de la novela 
"Cien años de soledad", de Gabriel García Márquez


El sueño perdido

Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo. Hacía un calor infernal en la tienda de campaña, su madre le había pedido al patriarca que lo llevara por ahí a distraerse, a tomar aire fresco fuera de los torrentes de calor que vivían en esa época.

Desfilaron sobre una rampa despintada y algo polvorienta, los caminos ya se estaban convirtiendo en desiertos. En la feria tenían el hielo resguardado en un enorme recipiente que día y noche se enfriaba con unas potentes máquinas utópicas. Aureliano se quedo mucho tiempo extasiado y redundante de felicidad.

Sin embargo, los años habían pasado tan fugaces como el viento que levantaba el polvo de los desiertos que se habían multiplicado al por mayor, y esa ilusión por el hielo se había desvanecido con el mismo hielo. Solo un par de veces más volvió a ver las máquinas que lo mantenían con vida, hizo mucho calor, mucho, y se evaporó mucha agua, y todo el hielo sobre la superficie de la Tierra desapareció.

No quedó más que aquel recuerdo en las cansadas pupilas del coronel, un momento antes de morir recordó a su padre, a su madre preparando limonada, y pasó frente a él toda su vida como fiel militar. Había luchado por conservar el agua, por evitar el calentamiento, y pese a todo, al final, cuando las gotas ya estaban casi extintas, se le ocurrió comprar un rico depósito que un viejo comerciante francés le había ofrecido. Eso fue traición y con agua, o sin ella, la pena rigurosa era la muerte.

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viernes, febrero 14, 2014

miércoles, julio 31, 2013

Adictos a la escritura: Historia de un amor perdido


¿Y dónde está ahora, mi amor? Dicen que camina sola por las calles de la ciudad, arrastrando un cajón de verduras como los que usan en los mercados, lo lleva lleno de botellas de plástico y cartón, piensan que es lo que vende para comer o para beber. Lleva el pelo medio recogido, medio despeinado y grasoso, sus pantalones de licra se pegan a sus pantorrillas flacas y a sus glúteos flácidos, siempre lleva una camiseta sin mangas de algún color fosforescente, y todo mundo la ha visto, excepto yo.

Algunos murmuran que está loca, otros que se emborracha para olvidarme. ¿Y por qué no la encuentro? ¿En dónde estás, amor? ¿Por qué te escondes de mí?

Su faz carcomida por los años, bajo meses de suciedad, solo aparece en mis sueños, se muere por ahí en alguna esquina, mi amor, camina arrastrando sus miserias y ahora nadie le dedica una mirada a la mujer que fue la razón de mi existencia. Yo sí que no podía quitarle los ojos de encima. ¿En dónde estará ahora? ¿Pensara en mí? ¿Me estará buscando en su corazón, como yo a ella? Y es que no termino de encontrarla, es que me perdí toda una vida tratando de descifrar mis sentimientos, ella se fue y le lloré un día, después ella se casó con otro hombre y le lloré un mes, pero desde que desapareció del mundo yo la sigo buscando.

Muchos me han dicho que la ven, absorta en sus pensamientos, mirando a la nada, y a veces se le escapa un suspiro, me pregunto si será por mí. Ella se perdió una mañana, salió y nunca más volvió a nadie. Por allá en donde está, ella vive muriendo por mi culpa, y acá yo estoy muerto en vida sin ella, la amo en el recuerdo de sus labios color rojo carmín.



martes, abril 30, 2013

La muerte tiene un secreto - Dora Ku


Mariela se había topado con él a la salida del supermercado y al momento de verlo su corazón dio un vuelco.
Lucía bastante alto, calculó que por lo menos medía un metro ochenta y cinco. Su aspecto era desaliñado, pero se notaba que hacía ejercicio, ya que su cuerpo lucía fornido bajo la camiseta sin mangas y los jeans descoloridos. Llevaba el cabello largo y la barba crecida; "bueno...eso está de moda", se dijo Mariela, como para tranquilizarse.
Pero la mirada que le dirigió al salir y el aspecto de su rostro no fue nada tranquilizador, pues era poco atractivo y tenía una cicatriz que le torcía la boca y le daba el aspecto de un hombre malvado.
Ella esperó un buen rato a que el tipo aquel subiera sus compras a un destartalado Volkswagen, para dirigirse al suyo y hacer lo propio.
Luego aguardó a que se fuera para arrancar su Tsuru, que apenas hacía dos meses había estrenado.
Manejó bastante relajada y pronto olvidó sus temores.
Hasta que el rojo de un semáforo la detuvo y volteó a su izquierda, inmediatamente se le secó la boca, ¡el hombre del supermercado estaba a su lado!  La inundó un extraño escalofrío y a la vez una gota de sudor corrió por su espalda.
En cuanto vio la luz verde aceleró, y su auto salió despedido chirriando con fuerza.
Notó que el hombre aceleraba también tratando de alcanzarla. Pronto no tuvo más remedio que frenar ante otra luz roja, Mariela temblaba y evitaba mirar a la izquierda, presintiendo que el hombre la observaba.
-¡Señora, señora!- oyó que le gritaban- ¡lleva abierto el maletero!- se dio cuenta que era el tan temido hombre quién le gritaba.
Efectívamente, la tapa del maletero estaba levantada y ,por su nerviosismo, no se había dado cuenta. Se hizo a la orilla de la calle y bajó. Las piernas le temblaban como si fuesen de gelatina. Cerró el maletero y volvió a subir al auto. El hombre había desparecido.
Más adelante volvió a atisbar el viejo Volkswagen estacionado a un costado de la calle y alcanzó a ver al hombre cargando a un niño y besando a la que parecía su mujer.
"¡Ay, que loca estoy!", pensó, "las diarias noticias a cerca de la inseguridad y los asaltos, me tienen así".
Pronto llegó frente a su casa y tocó el claxon para que le abrieran el portón, pero recordó que era el día de asueto de la chica que la ayudaba con el quehacer de la casa. Así que descendió de su auto para abrir y, al hacerlo, tropezó con un chico bastante agradable y vestido impecablemente, quién sonrió y dijo con voz de bajo profundo : "¡disculpe!".
-No se preocu...- comenzó a decir, pero ya no pudo seguir pues un cuchillo atravesó su estómago haciéndola caer al piso.
El "chico agradable" le quitó las llaves de la mano, subió al auto y partió con rumbo desconocido.
El último rostro que registró la mente de la moribunda Mariela, sin saber porqué, fue el del hombre de " la boca torcida".
DK

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¡Hola!  Este es el relato de mi compañera Dora Ku, en el grupo Adictos a la escritura, este mes el ejercicio consistía en hacer un relato sin título que después intercambiaríamos para titular, a mí me ha tocado el de Dora, y debo decir que me costo ponerle un título a este genial relato, es muy sentido, me dolió su final y realmente sufrí con la protagonista, por eso no encontraba un título de su talla.  Ahora que lo tengo, ya me dirán ustedes si le va bien o no; mi relato, que publique en la entrada anterior, está titulado por Athena Rodriguez, acá: AQUÍ .

viernes, abril 26, 2013

Adictos a la escritura: Abril. ¡Ponle un título!


Ayudar debería significar sentir y sentir debería significar vivir, pero el siseo de las burlas que cuchicheaban y las oportunidades que tenía que desperdiciar casi siempre, ya no lo dejaban continuar. Sentía que los días eran rutinarios y monótonos, que nada divertido sucedería en su vida, sentía que seguiría ocupado, ayudando y respetando conforme era su deber, que seguiría haciendo todo aquello que es muy importante pero que nadie hace.

Sentía que estaba solo, contra el mundo que lo llamaba tonto, contra los absurdos pretextos de la sociedad que están hechos para que personas como él no ejerzan sus valores. Todos estos valores son gratis, no se tiene que estudiar largos años en la universidad o pagar colegiaturas altas para obtenerlos, cualquiera que se decidiera los disfrutaría, pero tal vez, como él, se cansaría pronto de ellos. Realmente esa no era su intención, pero día a día sentía cada vez más ganas de tirar el protocolo escogido a la basura y empezar de nuevo, ser malo e indiferente, de sangre fría para dejarse arrastrar  a los bajos placeres del mundo, a los vicios, a la corrupción y a las vanidades. Sin embargo sabía exactamente cuál era su destino y la maldad no estaba en él, por las mañanas sentía con toda naturalidad el impulso de tomar una bolsa y caminar por la calle recogiendo basura, porque era seguro que el exceso de esta dañaría al planeta y no estaba dispuesto a permitirlo.

Una tarde, mientras caminaba por las calles de la ciudad con el sol caluroso quemando sus sienes, observó que había un hombre ebrio tirado en la banqueta, ese hombre poseía juventud  pero a pesar de eso su gesto era decadente y su mirada, arpía.

El hombre y sus valores hicieron caso de la solidaridad, pensando que si había bebido tanto era porque tenía algún problema grave que no le permitía ver otra salida y lo tenía apresado. Sabiendo cuál era su deber, se acercó a su prójimo en desgracia y le tendió su mano como apoyo.
—¿Por qué? —le dijo el hombre que se hallaba tirado al otro hombre que trataba de ayudarlo
—porque aquí estoy y tú me necesitas —contestó el otro con ternura
—mis problemas no tienen solución
—si es sobre la vida, qué más da si aún es tuya, si es sobre un amor, levántate ahora que lo mejor viene luego, y si es de muerte no hay problema porque tus ojos aún están mirándome y si la muerte tiene solución todo lo demás también la tiene.
—No es nada de eso —dijo el ebrio y se fue tambaleándose.
—Al menos se levantó — dijo el otro, suspirando.

Días después volvió a encontrar al mismo hombre y volvió a hablar con él pero de modo diferente, sucedió que cuando salió a pasear lo alcanzaron para asaltarlo, y el asaltante era el mismo hombre al que había tratado de ayudar, ahora estaba rígido y de pie apuntándole a la cabeza con un revólver.

El hombre que siempre se portaba bien y nunca rompía reglas, sintió repulsión por sí mismo y de sus ojos brotó una lágrima. Aún así levanto la cabeza y miro fijamente el otro ser que lo amenazaba con robarle la vida sino le daba todo su dinero. Eso se ganaba por tratar de ser cordero en cueva de lobos, esa era su recompensa y ese era su eterno destino.

Decidió no rendirse, decidió gritar con la voz del silencio que nadie escucharía, decidió reír aunque los demás lo obligaran a llorar, decidió topar de nuevo con el yelmo obstinado de la maldad humana y extendió su mano.

Él que estaba enfrente dijo solo dos palabras: “Tú morirás…”, y el amo de los valores terminó la frase:              “… pero no hoy, porque tus ojos y los míos aún están abiertos, y yo estoy aquí para ayudarte”.
El delincuente, redimido, bajó el arma y lo miró desconcertado, también tendió la mano y estrecho con fuerza la otra mano que por segunda vez le insistía por su amistad.
—Perdón ­— Pronunció con los ojos humedecidos y la voz quebrada. Desde aquel día no necesito más que a su amigo y se avergonzaba al pensar que había estado a punto de matar por dinero. Y el otro hombre, el solitario y monótono, tuvo por fin un amigo con el cual acompañarse en las eternas  jornadas de valores, y los ojos de ambos permanecieron abiertos por mucho tiempo.

lunes, marzo 25, 2013

Tres



“Lo importante es que vivieron y murieron juntos”, comenzó Ikus, yo trate de que me soltara la mano pero no tuve éxito. Me apretó con más fuerza y me jaló hasta que tuve su aliento rancio en mi oído, “fueron felices, por mí, eso es lo que importa, eso es lo que hace que mi vida haya tenido un propósito”.

Ikus se había convertido en un saco de papas, arrugado, canoso y apestoso; me miraba desde el catre duro en que estaba agonizando, me había prometido un secreto pero lo único que repetía era que ellos habían sido felices, yo no sabía quién eran “ellos”, y menos me importaba su felicidad.
—Ikus, dime ya, o no podrás irte descansado, Ikus ­—lo moví un poco y lanzó un gemido helado como la muerte.
—Él vivía una cuadra después de la mía, ella vivía atrás de mi casa, ella y yo fuimos los mejores amigos, los mejores solo amigos.
—¿Estabas enamorado de ella? — no pude evitar interrumpirlo. Ikus me miró y suspirando movió la cabeza para confirmar mi pregunta.
—Ella siempre lo amo a él, pero él tenía una novia muy hermosa, los cabellos negros le caían por la espalda como cascada, era la chica de los sueños de cualquier chico, pero esa chica murió muy joven.
—¿Y  así fue que tu amiga pudo conquistarlo? — Me estaba pareciendo una historia terriblemente aburrida.
—Una noche él se quedo esperándola hasta el amanecer, después no la vio nunca más, mi Emma se hizo su amiga, y entre el consuelo fue naciendo el amor, ellos eran tal para cual.  ¿Cómo dicen ahora?
—¿media naranja? ­— atiné a decir.
­—No importa porque yo hice un destino para ellos, para que estuvieran juntos, porque era la única manera de que Emma fuera feliz.
—Lo dices como una sentencia, para que tú sombra estuviera en medio de esa relación… de tres.

Ikus me miró con furia, con su mirada azul atravesando mi cráneo, descubrí que no quería ser el tercero, sino solo un artífice, un pirata del destino, lo había girado a su antojo pero aún me negaba a imaginar de qué manera.

Cuando murió, lo sepulté en el patio de su  propia casa, donde él mismo me había indicado que lo hiciera, había dicho que se quería ir con su secreto, que ya no le interesaba liberarse diciéndomelo a mí, me quede alborotada sin saber que iba a descubrir su secreto en el mismo lugar donde le lanzaba la tierra que cubriría  para siempre su cuerpo de costal de papas.

Ahí  en el fondo, vi un mentón y me detuve a observar bien la osamenta enterrada hacia ya mucho tiempo, descubrí que pertenecía a una chica de hermoso cabello negro que una noche jamás había llegado a su cita.

jueves, diciembre 27, 2012

Adictos a la escritura, Diciembre: Título clave


Dolor

Nicolás no podía dejar de temblar, y casi aullaba de dolor con las dos piernas rotas; pero no, sus ojos desorbitados miraban sin parpadear al monstruo horripilante que tenia frente a él.
Cuando me miro al espejo siento un odio terrible por la imagen que veo, es cierto que el maquillaje resalta mis pómulos, pero ¿Qué importa?, sigo pareciéndome a ella, ¿Por qué no habría de ser así, es mi madre? Comenzó meneando nerviosamente la cabeza, ahora yacía junto a Nicolás Hoy voy a ver a Braulio , él se parece  a mí, se parece a la misma mujer, a mi madre, pero no es mi hermano; solo es uno de los mismos, de los que nacieron hace mucho, cuando empezó todo.
¡Auxilio! Gritó el hombre herido
Somos todos una broma del destino continuó ella en  una media sonrisa que dejaba ver un brillante y filoso canino
¡Por favor! ¡Auxilio! Gimió Nicolás
Jamás permitimos que los humanos nos vean, ni siquiera bebemos la misma agua, somos otro mundo…dijo ignorando con placer los gritos y gemidos supe que Braulio es uno de los míos, porque me lo tope accidentalmente en un callejón oscuro una noche de navidad, ; yo era muy ingenua antes , soñaba con que las cosas cambiarían para nosotros,  que las personas no se asuntarían al vernos, no huirían, en el mejor de los casos; no nos dispararían, lo que casi siempre sucede; y Braulio me miro , estaba dispuesto a matarme , me lo dijo después, pero yo lo mire con la misma intención cuando note el rifle que llevaba bajo el abrigo; estaba harta y era adolescente, no me importaba morir si podía hacerle pagar. Soltó el rifle y se aproximó hacia  mí, él odia las armas tanto como yo,  ya cerca vi sus escamas y descubrí mi rostro para que viera las mías. Después estuvimos juntos por varios años, hasta que nos fastidiamos de vernos todos los días y todas las noches de vigilia, de hambre; sin embargo nunca nos perdemos el rastro , cuando eres un ser como yo, no puedes darte el lujo de despreciar un amor como lo hacen ustedes los humanos.
¡auxilio!el grito resonó en toda la alcantarilla.
¡Cuánto los odio! musitó mientras presionaba con una de sus largas uñas la oreja izquierda de Nicolás lo único que amo de ustedes es su piel, tan suave… sobre todo la de sus pequeños, yo no puedo tener hijos porque soy una especie hibrida y no pura como mi madre, mi padre era humano y jamás lo conocí. Aunque Braulio me lo prohibió, estoy resuelta a encontrarlo, si está vivo para devorarlo,  y si está muerto voy a hacerme una alfombra con sus huesos podridos.

Soltó una carcajada tenebrosa que heló más la piel de Nicolás, quien ya empezaba a perder el conocimiento de la debilidad y el dolor.
 Esto me recuerda que también envidio tus huesos, yo solo poseo un par de nervios trenzados debajo de las escamas que me permiten moverme pesadamente pero no puedo correr, ni sostener nada, no puedo abrazarte y no puedo atraparte más que con mis colmillos, cuatro largos y filosos colmillos…

La monstruo se acercó amenazante al cuello de Nicolás, no lo mordió pero dejo que su cabello, consistente en unos escasos hilos dorados, cayera sobre el rostro del humano.
Soy fea, huelo mal, y ¡para colmo tengo cerebro! Resopló y sacó de su abrigo un bisturí – mi raza solo posee poros que estimulan la vista, el olfato, el oído; no tienen cerebro, ni cerebelo, ni cualquier otra cosa que los humanos tengan en la cabeza. No sé como es, pero puedo hablar…

Nicolás notó por un momento que esa voz tan suave, distaba mucho de los labios medios hundidos en aquel rostro áspero. No era la voz de un monstruo 
Puedo comprender tu idioma, se leer gracias a los libros que me encontré en tu basurero… puedo…fue interrumpida por una arcada del moribundo, y la sangre que él escupió alcanzó a ensuciar sus escamas Por supuesto que he tenido que defenderme, ¿y qué?, ¿hay algo más humano que eso?, Tampoco soy humana… ¿Por qué matarte si me alimento de tu vida? , muerto no me sirves, me alimento de  tu olor y el de tus vecinos, ¿te da asco?, para mi es delicioso.

Nicolás se retorcía con dificultad mientras trataba de arrastrarse hacia la corriente de la alcantarilla, había muy poca luz y ya no sentía las piernas; tomo aire y se impulso varias pulgadas, pero solo logro chocar  contra las escamas de la monstruo.
Hoy voy a matarte, no creas que acostumbro jugar con la comida, para nada volvió a menear la cabeza ahora en un gesto de jovialidad Apresuremos las cosas que hoy voy a ver a Braulio, empiezo yo… ” Ruego a tu Dios que te perdone”, no sé si eres cristiano, aunque sino, arrepentirte en el último momento te servirá, ese Dios dice que hay un mundo mejor para los humanos, un mundo en donde yo no existo, ¿qué si es mejor, qué opinas? Hoy se me antoja aprender anatomía humana. Quiero ver…

Su expresión cambio de pronto y Nicolás se hubiera reído, si hubiera alcanzado a ver aquella desencajada mandíbula.
Quiero ver un corazón.

La palabra se quedó en el aire, por un breve segundo de silencio, y al fin, la voz suave clamó, con un gemido que pareció aún más doloroso que el del desahuciado.
¡Puedo sentir!¡Puedo llorar! Dijo atrapando en el aire una lagrima roja ¡pero me falta!, ¡es que no lo escucho latir! Suspiró manoteando un poco, era un capricho de vida o muerte Me falta un corazón…

Y fue lo último que escuchó Nicolás, con los ojos cerrados sintió un piquete en el pecho y un par de  manos frías robaron la víscera cuando aún seguía latiendo.


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¡Hola! Este relato es parte del proyecto de Diciembre en Adictos a la escritura, el reto de este mes consistía en hacer un relato basado en el Título clave que otro compañero propuso.

Más relatos titulados, aquí:








miércoles, octubre 31, 2012

Adictos a la escritura: Los dos mundos


Aniversario con velas

Sofía apagó el despertador a las siete y cuarto, como siempre. «¿Qué día es hoy?», se preguntó mientras dormía cinco minutos más. Afuera, el perro daba vueltas al jardín; la gente pasaba atareada  por sus rutinas, el sol empezaba a salir, de pronto, Sofía recordó que día era.

Su aniversario, lo había planeado toda la semana y lo había olvidado, «¿Cómo es posible?», se sentía indignada y cansada, pero no le importó, se levantó aprisa y cogió las llaves del coche, aún le faltaba comprar algunas velas. El supermercado estaba repleto de gente y había mucho tráfico en la ciudad por la festividad en puerta: el día de muertos.

Le costaba recordar esos tiempos  cuando ponía un altar para sus tíos, abuelos, y otras personas amadas que se habían ido, pero celebraba los aniversarios sin velas, era duro tener un aniversario precisamente ese día, y ahora…

«Ochenta y siete con trece centavos», le dijo la cajera, Sofía extendió un billete de veinte pesos aún distraída, y cuando llegó a casa seguía tan distraída que le costó más de lo normal recordar donde había puesto las otras cosas, cuando por fin las encontró, comenzó a preparar todo para el ritual, «¿Cómo era?, sí, una vara de incienso, manzanilla, gordolobo, izta…izta…iztafucate»; Sofía seguía distraída pensando en su pasado. Terminó olvidando encender una vela en el instante final, y cuando llegó media noche Gabriel no apareció, ni siquiera escuchó su voz como le habían prometido en el folleto, rompió el folleto entre lágrimas y manoteó sobre el maldito ritual, se suponía que Gabriel podría cruzar el más allá esa noche, se suponía que volvería a verlo, si hacia… miró entonces la vela apagada, seguía en la esquina donde la había colocado, como si fuera un bolo de boliche en el tiro crucial, “Otro año más sin ti, Gabriel”, suspiró.

Más tarde, mientras miles vagaban entre las sombras de la ciudad, él eligió vagar por el campo de rosales que Sofía regaba, abrió despacito la puerta de la casa que él mismo había construido, y encontró en la cocina muchas velas regadas en el suelo, una yacía de pie en la esquina de un amorfo dibujo, se preguntó que sería eso pero se giró y subió las escaleras hasta la recámara de su esposa, era el día de su aniversario de bodas, todos le habían criticado que eligieran  casarse el día de muertos, pero al fin cómo lo que querían era estar juntos, poco les importó y se casaron.

Sofía estaba profundamente dormida, Gabriel se acercó despacito y la besó en la frente, acarició sus cabellos blancos y  tomó una de sus pequeñas manos ya arrugadas por los años. Miró a su alrededor y todo seguía igual que como lo había dejado, sobre la mesita que ostentaba una lámpara, estaba una fotografía familiar, Sofía sostenía en brazos un bebé, y él tenía una niña agarrada de las manos, sus hijos habían crecido tan pronto, miró nuevamente a su esposa y suspiró, «Buenas noches, mi amor, vuelvo el próximo año», y volvió a besarla.

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¡hOLA! Ojala les guste este humilde relato, forma parte de lo que Adictos a la escritura, preparó para este mes de octubre, la dualidad que expresan estos dos mundos, el de los vivos y el de los muertos, se verá reflejada en los relatos que recopilan, y justamente en el día en que la tenue linea que separa los dos mundos puede cruzarse... Para leer más relatos ACÁ:
http://adictos-escritura.blogspot.mx/2012/10/proyecto-de-octubre-los-dos-mundos_31.html
¡Gracias!

miércoles, septiembre 26, 2012

Adictos a la escritura, El mes del asco


 Adaptación de leyenda urbana
Por favor, no me comas
Mientras Quina y Julieta preparaban la salsa,  Viviana destazaba con agilidad un gran trozo de carne. En la tarja de la cocina corría un líquido tan rojo como el  tomate que las hermanas menores machacaban en el molcajete. El reloj marcaba las 11 y cincuenta, tenían apenas cuarenta minutos para  preparar  el guisado, su padre llegaría en punto de las 12:30 y no  podría esperarlas.
Si no hubiera sido por el perro que les había robado la barbacoa que habían comprado en el mercado, no tendrían que lidiar a las prisas. Julieta le tenía miedo a su padre, y entre sollozo y sollozo iba condimentando el caldo; no estaba tan segura de librarla y aunque sus hermanas mayores ya le habían dicho que se tranquilizara, ella no podía evitar pensar en lo que les esperaría si la carne aun no estaba servida.
El padre de las mozas era un tirano en cuanto de sazón se trataba, que si esto muy salado, que si muy crudo, que si no le pusieron suficiente clavo. “Da igual, lo hecho está hecho”, cuchicheó  Viviana al oído de Quina.
¿De quién había heredado el labrador su carácter estricto?, de nada menos que de su madre, la única abuela que les había sobrevivido de la revolución  a las tres hermanas.
Y dieron las doce y media,  las pisadas del caballo se escuchaban  puntuales en la entrada de la casa, y un par de segundos más tarde; el señor de la casa estaba entrando y sentándose en la mesa.
Quina se acercó tambaleándose con un jarro de café, y Viviana le sirvió un enorme filete entre cuadrado y triangular; Julieta, que veía venir el regaño por tal error, se apresuró a depositar el tortillero frente a su padre.
Después pareció que la suerte les  favorecía, pues el hombre empezó a comer satisfecho, sin decir ninguna palabra, incluso  soltó un murmullo como diciendo: “Que rico está todo”. Sin embargo, lo cierto es que el exigente padre llevaba ya un ratito oyendo una vocecita a lo lejos, le sonaba conocida y le decía: “no me comas”, “por favor no me comas”.
¡Viviana! — llamó a su hija mayor, era la que más se parecía a su difunta esposa, la miró de píes a cabeza, tenía el delantal azul cielo manchado de rojo carmesí, como si hubiera matado un ratón restregándoselo en el estomago.
¿Si, papá?
¿Hoy no quiso comer tu abuela?
-No contestó Quina temblando, la segunda de sus hijas era más bien torpe y gorda, su nula belleza se veía compensada por la extraordinaria fuerza que demostraba al tirar golpes, varias veces la había castigado por golpear a sus enemigas en la escuela. No usaba delantal por ser tan puerca, pero la ropa que traía estaba tan manchada de sangre como la de su hermana mayor.
¿Por qué?
-No sé apoyó Julieta, esa era la viva imagen de su padre, algunos rizos rubios le caían en la frente, los ojos claros y una nariz perfecta, fue entonces que el hombre se sorprendió, en la mejilla izquierda de la más pequeña de sus hijas se paseaba una gota de sangre seca, del mismo color que la sangre en la ropa de sus hermanas.
-Voy a verla dijo el hombre y se levantó rápidamente de la mesa.
Viviana, Quina y Julieta se atravesaron en su camino, él las miro furioso y las apartó bruscamente para ir a la recamara de su madre.
Y ahí se la encontró… tapadita aun con su chal celeste, con la mirada hacia el techo, y la boca ampliamente abierta, le faltaba la mitad de la espalda, y uno de los huesitos de la columna yacía en el suelo en un charco de sangre; horrorizado, se le puso el rostro blanco, y los ojos humedecidos y cuadrados se volcaron desorbitados  por la tétrica escena sangrienta.
Sucedió como Julieta había dicho: “No nos va a dar tiempo de limpiar el cuarto de la vieja”, y así ocurrió. 
El aterrado hombre notó al fin el rastro rojo que se extendía hasta la puerta, de un salto se alejó del intestino maloliente que estaba pisando, se salpicó un poco de esa sangre que también corría por sus venas, el aire tenía un olor a azufre que penetraba cada poro de su piel de gallina. Al salir de la habitación, el hombre disgustado para comer, ya no encontró a sus tres hijas, sino a unas fieras y terribles lobas, que lo miraron gruñendo y pelando los dientes mientras avanzaban hacia él. ¿Quizás pensaban ya en prepararse la cena?

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¡Hola! Gracias por venir a leer mi relato, este mes nos tocó escribir algo gore, muy asqueroso, si quieres más sangre, vean los relatos de mis compañeros AQUI:

viernes, julio 27, 2012

Adictos a la escritura: Juntos y de aniversario. ¡Felicidades queridos compañeros y compañeras!

Añoranza y un cisne

Hace exactamente dos horas cuarenta y siete minutos y dos, tres, cuatro segundos, que se cumplió el  quinto aniversario de su muerte. Ella era  como las estrellas brillantes, y los rayos de sol calientitos. Tan hermosa como una flor de primavera, como una fruta dulce o un pastel de chocolate, y cuanto la amo aún.

Hace diez minutos que cumplí sesenta y ocho años. Elfego, mi único hijo, me trajo un obsequio, él no es del tipo de hombres que envuelven cosas. En realidad no es ningún tipo de hombre en especial, sólo es Elfego.

 Llegó en su ruidosa motocicleta y se estacionó frente a la panadería, desde el mostrador, lo observé atravesar mi jardín, y como él siempre usa el camino corto, avanzó aplastando las flores silvestres de mi entrada.

Dio cuarenta  pasos en el local, observando las donas, empanadas y volcanes que había en las repisas.  

Después me miró y depositó en el mostrador una enorme caja de color verde que en los extremos tenía adornos morados.
Feliz cumpleaños papá.
También hoy murió tu madre.
¿Qué dices?, si tú todavía no te mueres.

Cenamos  café con leche porque él tenía prisa, relegue mi regalo hasta  el final, y cuando mi hijo se fue. Seguia sin interesarme  abrirlo. No podía dejar de pensar en ella, en su mirada. Así me dormí. Justo a los cinco minutos de que Elfego se fue a los diez minutos que había llegado.

Mi hijo jamás me perdono mi obsesión por los números y por “contar el tiempo”. Él me odia, y a mí me es indiferente. Al amanecer, abrí la caja que me había traído, arriba tenía unos pedacitos de papel china, abajo se asomaba una cabecita blanca y alada como un ángel hecho  ovillo.

Sentí miedo ante tal incógnita y deseaba retroceder los minutos, volver a la noche en que Elfego había puesto sobre el mostrador el obsequio. Y decirle que no quiero nada de él. Nada.

Porque su faz me recuerda a la mujer que le dio la vida, la que amo, la que perdí. Y es más doloroso de  lo que puedo soportar.

Yo tenía sesenta y ocho años y nueve horas y dieciocho minutos con cuarenta y seis segundos, cuando ví por primera vez a un cisne, tan blanco como la nieve, como un cielo nublado a punto de llover. Y era hermoso, no más que la madre de mi hijo Elfejo, pero hermoso por sí mismo.

EL cisne estaba agonizando. Las plumas blancas y brillantes se pegaban a sus costados como aplastadas por un gesto vergonzosamente maternal que incluye saliva.

Entonces comprendí que mi destino era evitar su muerte, y tome en mis brazos la enorme caja, el papel de regalo hacía que se resbalara de mis manos pero cuarenta paso y cincuenta y siete cadáveres de flores silvestres pisadas después, logre llegar a mi vieja camioneta.

El cisne abrió lentamente sus ojitos negros en dos ocasiones. Me observaba lidiar con el tráfico como si de verdad le importara, sin embargo no pude evitar que se me escapara una sonrisa.

Al fin llegamos al lago de la ciudad, estaba repleto de gente y gritos. Hacía ya cinco años que no iba por ahí, había demasiado amor letal, me mataría porque yo ya no tenía a mi amor.

Lance el cisne al agua ante miles de curiosos transeúntes.

En el bolsillo de mi chaqueta empezó a sonar  mi celular. Era Elfego que me preguntaba si me había gustado mi regalo, y entonces olvide como contar el tiempo, mientras veía a mi obsequio alejarse nadando.



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